
Hay juegos que te gustan. Hay juegos que te impresionan. Y luego están esos pocos que, cuando aparecen los créditos, te dejan con la sensación de haber vivido algo importante.
Después de completar Pragmata en PS5, en Colossus lo tenemos claro: estamos ante uno de esos títulos.
Capcom no solo ha lanzado una nueva IP. Ha firmado una declaración de intenciones sobre hacia dónde puede ir el videojuego en esta generación.
Una aventura que gana peso cuando la terminas
Durante las primeras horas, Pragmata entra por los ojos. Es inevitable: su acabado técnico es descomunal. Pero es al terminarlo cuando realmente encaja todo.
La historia de Diana y Hugh no es solo una excusa sci-fi. Es un relato sobre conexión, supervivencia y humanidad en un entorno hostil donde el silencio pesa tanto como la gravedad cero. Y lo más interesante es cómo el juego evita sobreexplicar, confiando en el lenguaje visual y en el diseño de situaciones.
No es un juego que te lo dé todo mascado. Y eso, en 2026, se agradece.

Capcom en estado de gracia
Si hay algo que define a la Capcom actual es la confianza. Se nota en cada decisión de diseño.
Pragmata bebe del legado técnico del RE Engine, pero lo lleva un paso más allá. No es solo una evolución gráfica: es una herramienta al servicio de la inmersión.
En PS5, el rendimiento es sólido, con una fluidez constante y tiempos de carga prácticamente inexistentes. Pero más allá de los números, lo importante es cómo todo fluye: gameplay, narrativa y espectáculo están perfectamente integrados.
Fotorrealismo que no es solo postureo
Sí, Pragmata es espectacular. Pero lo realmente meritorio es que su apartado visual no se queda en lo superficial.
La iluminación en la superficie lunar, el tratamiento de materiales, las partículas flotando en gravedad cero… todo tiene un propósito. No es solo “verse bien”, es hacerte sentir dentro de ese mundo.
Y luego está Diana.
Su expresividad, sus animaciones y su comportamiento rompen esa barrera que muchos juegos aún no consiguen superar. No es un acompañante. Es parte activa de la experiencia.

Jugabilidad: cuando todo encaja
Aquí es donde Pragmata termina de convencer.
La relación entre protagonista y Diana no es un gimmick: es el núcleo del juego. Las mecánicas combinadas, los puzles y el combate funcionan como un engranaje perfectamente medido.
La gravedad cero no es un añadido estético. Afecta a cómo te mueves, cómo combates y cómo piensas cada situación. Hay momentos donde literalmente tienes que “reaprender” a jugar.
Y eso es algo que pocos títulos consiguen a estas alturas.
Un ritmo medido, pero no para todos
La campaña, de unas 10-13 horas, está muy enfocada. No hay relleno innecesario, pero tampoco concesiones al jugador impaciente.
Pragmata apuesta por un ritmo pausado en muchos tramos, donde la exploración y la contemplación tienen tanto peso como la acción. Esto puede ser un arma de doble filo: habrá quien lo adore… y quien desconecte.

| LO MEJOR | LO PEOR |
|---|---|
| Apartado técnico sobresaliente en PS5 | Ritmo irregular en algunos tramos |
| Uso brillante de la gravedad cero | No es un juego para todo tipo de jugadores |
| Relación jugable entre Diana y el protagonista | Puede pecar de críptico en su narrativa |
| Diseño sonoro e inmersión de altísimo nivel | Poca rejugabilidad una vez terminado |
| Nueva IP con identidad propia | Falta de modos adicionales |
Conclusión
Pragmata no es perfecto, pero tampoco lo necesita. Es valiente, diferente y, sobre todo, tiene algo que muchos AAA han perdido: identidad. En una industria saturada de fórmulas repetidas, Capcom ha apostado por algo nuevo… y le ha salido bien.
¿Es un candidato a GOTY? Sin duda. ¿Es para todo el mundo? Probablemente no. Pero si buscas una experiencia que vaya un paso más allá de lo convencional, este es uno de esos juegos que hay que jugar sí o sí.






