
Hay juegos que consiguen hacerse un hueco en la memoria gracias a propuestas diferentes, capaces de combinar mecánicas que, sobre el papel, no parecen tener demasiado en común. Ese fue precisamente el caso de Patapon, la particular saga de Sony que debutó en 2007 para PlayStation Portable (PSP). Bajo la apariencia de un simpático ejército de criaturas de un solo ojo se escondía una combinación de ritmo, estrategia y acción que terminó convirtiéndose en una de las experiencias más originales de aquella generación portátil.
Casi dos décadas después, Hiroyuki Kotani, creador de la franquicia original, regresa con Ratatan, un sucesor espiritual que recupera buena parte de aquella identidad y añade una estructura roguelite para darle un nuevo enfoque a la fórmula. El resultado es una aventura con muchísima personalidad, que sabe aprovechar las virtudes de su referente, aunque también demuestra que recuperar una buena idea no siempre es suficiente para llevarla un paso más allá.
En un momento en el que los juegos musicales vuelven a despertar interés, especialmente con el regreso de propuestas como PATAPON 1+2 REPLAY, Ratatan tiene una oportunidad interesante para conquistar tanto a los aficionados veteranos como a quienes descubran por primera vez esta peculiar combinación de música y estrategia. Por eso, nuestro equipo, ha realizado este análisis tras adquirir una copia del título para Nintendo Switch 2. A continuación, os dejamos con lo que nos ha parecido.
Una aventura al ritmo de la música
La aventura nos lleva hasta Rataport, una isla habitada por los Ratatan y sus inseparables Cobun. Estas pequeñas criaturas comparten un mismo objetivo: alcanzar El Más Allá y conocer a una misteriosa diosa. La historia sirve como punto de partida para justificar nuestro viaje, pero no pretende convertirse en el principal atractivo de la experiencia.
Su narrativa es bastante sencilla y carece de un desarrollo especialmente profundo. En su lugar, apuesta por un universo colorido, personajes caricaturescos y un tono desenfadado que encaja perfectamente con la personalidad del juego. No necesitamos grandes explicaciones para comprender qué debemos hacer, aunque quienes busquen una historia con mayor peso narrativo pueden encontrar aquí una de sus principales limitaciones.
Donde Ratatan demuestra realmente su potencial es en su sistema de combate. La propuesta recupera el lenguaje jugable de Patapon: debemos pulsar diferentes combinaciones de botones siguiendo el ritmo de la música para transmitir órdenes a nuestras tropas. Avanzar, atacar o defenderse requiere mantener la cadencia adecuada, mientras que encadenar comandos correctamente permite alcanzar estados de euforia que potencian nuestras acciones.

Sin embargo, esta vez encontramos una diferencia importante. No nos limitamos a dirigir a nuestro ejército desde la distancia, sino que también controlamos directamente a nuestro personaje. Esto añade una nueva capa de profundidad, ya que debemos prestar atención a nuestra posición en el campo de batalla, gestionar los movimientos de las tropas y decidir cuándo resulta conveniente pasar al ataque o adoptar una estrategia defensiva.
Por tanto, no basta con seguir el compás. También debemos aprender a interpretar cada enfrentamiento y reaccionar ante las situaciones que aparecen durante la aventura.
Ritmo, estrategia y posibilidades de personalización
La combinación de música y estrategia es, sin duda, uno de los grandes aciertos de Ratatan. Sus fundamentos resultan relativamente accesibles, pero dominar todas sus posibilidades requiere práctica, coordinación y cierta capacidad para anticiparse a los movimientos enemigos.
Cada Ratatan cuenta con características propias, mientras que las armas, los accesorios y las habilidades permiten experimentar con diferentes configuraciones. Elegir correctamente nuestras unidades y aprovechar sus puntos fuertes puede marcar la diferencia en los enfrentamientos más exigentes.
Esta variedad hace que preparar nuestro ejército sea una parte importante de la experiencia. No todas las composiciones funcionan igual de bien y, dependiendo de los enemigos que encontremos, tendremos que adaptar nuestra estrategia para sacar el máximo partido a nuestras tropas.
Cuando conseguimos coordinar correctamente las órdenes, los movimientos y las habilidades, los combates adquieren un ritmo tremendamente satisfactorio. La sensación de estar dirigiendo una pequeña orquesta de guerra es una de esas virtudes que hacen que Ratatan consiga destacar frente a otras propuestas del género.
Además, el sistema recompensa nuestra precisión y nos invita a mejorar progresivamente. Aprender a encadenar órdenes, controlar los tiempos y aprovechar las oportunidades que ofrece cada enfrentamiento termina convirtiéndose en una parte fundamental de su atractivo.

La estructura roguelite: una novedad con luces y sombras
La principal evolución respecto a la fórmula clásica de Patapon está en su estructura roguelite. Cada expedición nos propone recorrer diferentes escenarios en los que encontraremos combates, tiendas y recompensas que pueden condicionar nuestro rendimiento durante el resto de la partida.
Al estilo de otros títulos como Hades, tendremos que tomar decisiones sobre qué mejoras nos interesa conseguir y cuáles encajan mejor con nuestra configuración. Algunas bonificaciones permiten potenciar temporalmente a nuestro grupo, mientras que otras nos ayudan a preparar una combinación más efectiva para afrontar los siguientes desafíos.
Los enfrentamientos contra los jefes funcionan como momentos especialmente importantes de cada recorrido. Estos enemigos ponen a prueba todo lo aprendido y nos obligan a aprovechar correctamente las posibilidades de nuestro ejército.
Sobre el papel, esta estructura encaja bastante bien con una propuesta basada en repetir expediciones, perfeccionar nuestras decisiones y descubrir nuevas combinaciones. Sin embargo, su ejecución no siempre alcanza el nivel esperado.
Cuando fracasamos, regresamos a Rataport, donde podemos gestionar nuestro equipo, mejorar determinadas características y preparar una nueva incursión. Las mejoras permanentes y los desbloqueos aportan una sensación de progreso que invita a seguir intentándolo, incluso después de una derrota.
El problema es que algunos sistemas no están explicados con toda la claridad que deberían. Tenemos bastantes posibilidades para experimentar, pero no siempre resulta sencillo comprender cómo funcionan determinadas habilidades, cartas o mejoras. En ocasiones debemos recurrir a los menús de ayuda para descubrir información que debería estar mejor integrada en la propia experiencia.
Esta falta de claridad puede ralentizar el aprendizaje y hacer que algunas de sus mecánicas resulten menos intuitivas de lo deseable.
La repetición termina pasando factura
Aunque el combate funciona especialmente bien, la estructura general no evoluciona con la misma soltura. La repetición de escenarios y situaciones termina haciéndose evidente después de varias expediciones, y las mejoras que conseguimos no siempre aportan suficiente variedad como para transformar nuestra manera de jugar.
En determinados momentos, la progresión acaba convirtiéndose en una cuestión de acumular recursos y fortalecer a nuestras tropas para superar un obstáculo que anteriormente nos había resultado demasiado complicado. Es una dinámica habitual dentro del género roguelite, pero necesita estar acompañada de suficientes incentivos y situaciones diferentes para mantener el interés.
Al principio resulta gratificante comprobar cómo nuestro ejército se vuelve cada vez más poderoso. Sin embargo, cuando los recorridos comienzan a parecerse demasiado entre sí, esa sensación de descubrimiento pierde parte de su fuerza.

La variedad audiovisual tampoco ayuda demasiado a combatir este desgaste. La banda sonora cuenta con melodías pegadizas que acompañan estupendamente los enfrentamientos, pero su repertorio limitado provoca que algunas composiciones terminen repitiéndose más de lo deseable.
Resulta especialmente llamativo porque la música es precisamente el corazón de Ratatan. Su importancia durante los combates hace que la variedad sonora sea fundamental para mantener viva la experiencia a largo plazo.
Por otro lado, el cooperativo online para hasta cuatro jugadores aporta una alternativa interesante. Compartir las expediciones con otros usuarios introduce un componente social que puede hacer más entretenidas las partidas y ofrecer nuevas posibilidades estratégicas. Es un añadido bienvenido, aunque no consigue solucionar por sí solo los problemas de variedad y progresión.
Un apartado artístico lleno de personalidad
Visualmente, Ratatan consigue transmitir una identidad propia. Sus personajes parecen sacados de una colección de juguetes, las animaciones exageran cada movimiento y los enfrentamientos se convierten en un auténtico espectáculo de criaturas, colores y efectos.
El diseño artístico encaja perfectamente con el tono desenfadado de la aventura. Los Ratatan y los Cobun tienen un aspecto reconocible, mientras que las animaciones y las expresiones de los personajes refuerzan ese carácter simpático que ya formaba parte de la identidad de Patapon.
También destacan las voces y los efectos sonoros, que contribuyen a dar personalidad a cada situación y hacen que dirigir nuestro ejército resulte todavía más divertido.
No obstante, tanta actividad visual tiene un pequeño inconveniente. Cuando se acumulan enemigos, indicadores, habilidades y explosiones en pantalla, distinguir con claridad todo lo que sucede puede convertirse en una tarea complicada.
Los textos pequeños y las opciones limitadas para personalizar la interfaz tampoco ayudan. En un título donde debemos interpretar rápidamente la situación del combate y ejecutar órdenes con precisión, la legibilidad debería ser una prioridad.
Rendimiento y experiencia en Nintendo Switch 2
En Nintendo Switch 2 hemos disfrutado de una experiencia generalmente fluida, aunque también hemos encontrado algunos problemas puntuales que impiden hablar de un acabado completamente satisfactorio.
Durante las partidas pueden aparecer pequeños tirones y determinados fallos visuales que evidencian que todavía existe margen de mejora. No estamos ante un rendimiento deficiente de manera constante, pero sí ante pequeños detalles que convendría corregir mediante futuras actualizaciones.

La interfaz vuelve a ser uno de los aspectos menos cuidados, especialmente en el modo portátil. El tamaño de algunos textos y la acumulación de elementos en pantalla dificultan seguir determinados enfrentamientos, algo especialmente molesto cuando necesitamos mantener la concentración y ejecutar nuestras órdenes al ritmo adecuado.
Son cuestiones que no llegan a arruinar la experiencia, pero sí restan comodidad a una propuesta que depende tanto de la precisión y la fluidez. Con algunos ajustes técnicos y mejoras en la presentación de la información, Ratatan podría ofrecer una experiencia mucho más redonda en la consola de Nintendo.
| LO MEJOR | LO PEOR |
|---|---|
| Su original combinación de ritmo, acción y estrategia. | La repetición de escenarios y situaciones durante las expediciones. |
| Recupera con acierto la esencia de Patapon. | La progresión roguelite no siempre ofrece suficiente variedad. |
| Personajes carismáticos y un apartado artístico muy personal. | Banda sonora con un repertorio algo limitado. |
| Las posibilidades de personalización de nuestro ejército. | Algunos sistemas y habilidades no están suficientemente explicados. |
| El cooperativo online para hasta cuatro jugadores. | Textos pequeños y problemas de legibilidad en determinados momentos. |
| Combates satisfactorios que recompensan nuestra precisión. | Pequeños tirones y fallos visuales en Nintendo Switch 2. |
Conclusión
Ratatan demuestra que la fórmula de Patapon sigue teniendo muchísimo potencial. Su particular combinación de ritmo, estrategia y acción funciona realmente bien, y consigue recuperar buena parte de la magia de una saga que dejó huella en PlayStation Portable. Sus personajes desprenden personalidad, el sistema de combate resulta tremendamente satisfactorio y las posibilidades de personalización ofrecen suficientes alternativas para experimentar con nuestro ejército.
Sin embargo, su apuesta por la estructura roguelite no termina de aprovechar todo lo que podría ofrecer. La repetición de escenarios, una progresión que necesita mayor variedad y ciertos problemas de presentación y rendimiento impiden que la experiencia alcance todo su potencial.
Nos encontramos ante un sucesor espiritual que entiende perfectamente qué hacía especial a su referente, pero que todavía necesita encontrar su propia identidad y pulir algunas de sus decisiones de diseño. A pesar de sus defectos, resulta difícil no disfrutar de sus combates y de esa sensación tan particular de dirigir un ejército al ritmo de la música.
En definitiva, Ratatan es una propuesta recomendable para quienes disfrutaron de Patapon y para aquellos jugadores que busquen una experiencia diferente. No alcanza todo lo que promete, pero demuestra que todavía hay espacio para recuperar fórmulas originales y darles una nueva vida.






