
Si algo hemos aprendido con los años es que hay estudios que tienen una voz propia. Y sí, si detrás está el talento responsable de The Artful Escape bajo el paraguas de Annapurna Interactive, sabes que no estás ante un videojuego cualquiera. Con Mixtape no solo lo intuíamos… ahora podemos confirmarlo.
En Colossus hemos jugado Mixtape en PlayStation 5 tras adquirirlo directamente en la PlayStation Store, lo hemos completado y ya tenemos claro que estamos ante una de esas experiencias que se quedan contigo más allá de los créditos finales, aún siendo breve. Una obra que no busca impresionar con mecánicas complejas, sino tocar algo mucho más profundo: la memoria emocional del jugador.
Una despedida, mil recuerdos
Mixtape nos pone en la piel de Stacey Rockford, una joven que está a punto de dejar atrás su vida para perseguir su sueño en Nueva York. Pero antes, queda una última noche. Una última fiesta. Un último día con sus amigos.
Y eso es precisamente el juego: un último día condensado en recuerdos, conversaciones y momentos que todos hemos vivido de una forma u otra.
Aquí no hay giros imposibles ni épica grandilocuente. Lo que hay es vida. De la real. De la que duele cuando avanza.

Cuando el videojuego conecta contigo
Hay algo que Mixtape hace especialmente bien: apelar a la experiencia personal del jugador. Es imposible no verse reflejado en sus escenas. Las primeras veces, los errores, las despedidas… todo está ahí.
El juego funciona como una especie de cápsula del tiempo interactiva. Cada objeto, cada conversación y cada situación construyen una narrativa íntima que se siente auténtica. No estamos ante una historia que simplemente se observa: se recuerda, se revive.
Y ahí está su mayor logro.
Jugabilidad sencilla, pero efectiva
A nivel jugable, Mixtape no reinventa la rueda. Estamos ante una aventura narrativa clásica:
- Exploración de escenarios
- Interacción con objetos
- Conversaciones contextuales
- Progresión guiada
Las acciones opcionales (en blanco) y principales (en amarillo) hacen que avanzar sea muy accesible, algo que encaja perfectamente con el ritmo relajado de la experiencia.
Pero donde realmente brilla es en los minijuegos.

Minijuegos con alma (y mucha creatividad)
Aquí es donde el juego se permite romper su propia estructura. Los recuerdos no solo se cuentan, se juegan.
Desde situaciones cotidianas hasta momentos absurdamente creativos, los minijuegos aportan variedad constante:
- Preparar cócteles
- Escapar en carrito de supermercado
- Revivir momentos íntimos con mecánicas inesperadas
- Pequeñas travesuras adolescentes
No todos tienen la misma profundidad, pero sí algo en común: están perfectamente integrados en la narrativa.
Un apartado audiovisual que lo eleva todo
Si hay algo que termina de redondear la experiencia es su presentación:
- Dirección de arte con estética stop-motion muy marcada
- Animaciones con personalidad
- Rendimiento sólido en PS5
- Banda sonora espectacular
Y aquí hay que detenerse: la música no acompaña, define el juego. Con temas de Joy Division, Iggy Pop, Smashing Pumpkins o Siouxsie and the Banshees, cada escena gana un peso emocional brutal.
Es uno de esos casos donde imagen y sonido se funden para crear algo difícil de olvidar.

| LO MEJOR | LO PEOR |
|---|---|
| Una historia profundamente humana con la que es fácil conectar | Algunas mecánicas se sienten repetitivas en ciertos tramos |
| Banda sonora excepcional que eleva cada escena | Falta de desafío jugable para quienes buscan algo más interactivo |
| Dirección artística con mucha personalidad y estilo propio | Duración algo corta que puede dejar con ganas de más |
| Minijuegos creativos y bien integrados en la narrativa | Ritmo pausado que no encajará con todos los jugadores |
| Excelente rendimiento en PS5 y experiencia muy pulida | Poca rejugabilidad una vez completada la historia |
Conclusión
Tras completarlo en PS5, en Colossus lo tenemos claro: Mixtape es una de esas experiencias que no buscan ser el mejor juego del año, sino uno de los más memorables.
No es para todo el mundo. Su ritmo, su estructura lineal y su enfoque narrativo pueden no encajar con quienes buscan acción constante. Pero si entras en su propuesta, te atrapa. Es breve (unas 5-6 horas), sí. Pero deja huella.






